Carta a un Ser Humano


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Existen momento en la vida donde la mejor conversación del mundo es sin palabras, en silencio y sintiendo la profundidad de nuestro Ser - Héctor Ibáñez


Llevo tiempo observándote, más del que alcanzas a comprender. Yo soy tú, pero yo soy tal y como tú eres, no como crees que eres... Todo lo que te diga, me lo estaré diciendo a mí mismo...

De donde tú eres el tiempo no existe, el momento que recoge todo lo que conoces como Vida, se llama presente. Para ser consciente de ello, tienes la mente, con la gran capacidad de contemplar el ahora de forma clara, pero te advierto, cuidado con llenar tu mente con demasiadas atenciones. Como una taza de té, ésta se va llenando hasta que rebosa y entonces, está tan dividida que no atiende a nada.


Para comenzar a usar esta mente, primero hay que vaciar la taza de té... En la experiencia que transitas, creencias, pensamientos y experiencias, te hacen sensible a determinadas situaciones, creando un filtro de supervivencia basado en el miedo básico, por donde observas y juzgas la vida. 

Esta vida está para vivirla sin filtro, al máximo, aceptando lo que venga, aprendiendo a dejar ir cada instante para recibir con gratitud el instante siguiente. El miedo básico nace de la mente que lleva tiempo sintiéndose separada del mundo, separada de sí misma, llegando al punto de auto dañarse.

Todo esto es lo que hay que dejar ir, sencillamente, dejarlo ir... Esto te sirvió en tu caminar, pero la mente necesita Ser tanto como tú. Tal vez, con sentir la simple posibilidad de vaciarte, entre en efervescencia ese miedo básico, avisandote de lo que cree no conocer. Sin embargo, tu mente es como un árbol que se quedó en un interminable invierno, pero que en su inteligencia, recreó la sensación de la mágica primavera.

Cuando te regales la oportunidad de liberar la mente de sus ataduras, sentirás lo que conoces como Paz, Plenitud, Epifanía, Remisión Espontánea, Conciencia... Sintiendo la espontaneidad que nace en cada instante de vida, sin juicios, conceptos o creencias que te anclen a un instante ya inexistente. La experiencia vital y sus vicisitudes llegarán y te moverán la profundidad de tu divinidad, pero recuerda que eres el océano, no la ola. 

Gracias por abrir tus alas y planear por el universo, Gracias por cerrar los ojos y florecer a tu grandeza... Sigamos caminando...


Para calmar la mente basta con escuchar el corazón - Héctor Ibáñez


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