4 PASOS PARA APRENDER DE LOS PROBLEMAS



La vida es un viaje que está en constante cambio. Tanto lo positivo como lo negativo llega a su fin tarde o temprano y solo queda el significado que le damos a lo que acabamos de vivir. La forma en la que percibimos lo que vivimos actúa como lente a la hora de aprender de la vida, si nosotros vemos un problema desde una posición de víctima seguramente no veremos nuestros errores, pero sí los de los demás. Sin embargo, si lo observamos haciéndonos responsables de nuestra vida o preguntándonos <<qué tengo que aprender yo de esto>>, lo que vamos a percibir va a ser muy diferente.

Ante un mismo problema dos personas pueden reaccionar de forma muy diferente. A alguien le pueden robar y puede vivirlo desde la carencia de que ha perdido algo, o desde la abundancia de que ha dado algo. Muchas veces, llamamos a esta decisión autoengaño, pero esto depende de las emociones que acompañan a la decisión. Obviamente nos puede doler, por ejemplo, que la pareja nos sea infiel, pero podemos decidir vivirlo desde la traición, venganza y despecho, o desde la apertura de que esto significa el fin de un ciclo y que voy a conocer a alguien nuevo. En este caso el autoengaño sería no reconocer el dolor, crear un diálogo que evite aceptar el dolor que causa la experiencia en sí. Contarnos una historia racional que nos lleve a seguir manteniendo el estrés del problema. Supongo que habrá un estado de conciencia donde estas vicisitudes no nos duelan ni nos desestabilicen emocionalmente, pero de momento, contando con que vamos en pañales, vamos a teorizar que nos duelen. El proceso de decisión consciente y no de autoengaño está en reconocer lo que siento, asumirlo, reflexionar y actuar en coherencia. Vamos a verlo por pasos:

  • 1. Asumir lo que siento: Este gesto es el más importante porque requiere de frenar la impulsividad y el automatismo inconsciente de hacer siempre lo mismo. Aquí paras y respiras sosteniendo dentro todo lo que se siente.
  • 2. Aceptación: Cuando se asume podemos caer en culpar o victimizarnos, el movimiento consiste en <<asumir que nuestros sentimientos y sensaciones son nuestros>> aunque nazcan de una experiencia externa. La aceptación de lo que la vivencia nos provoca calma la ansiedad de querer huir de la intensidad emocional que experimentamos y nos devuelve los mandos para pensar y decidir.
  • 3. Reflexión: Este es un espacio que se da practicando con el tiempo. Es la capacidad de pensar antes de actuar observando claramente lo que nos está ocurriendo para poder tomar una decisión consciente.
  • 4. Coherencia: Cuando hemos visto lo que sentimos, lo hemos asumido y hemos tomado la decisión de cómo vivir esta experiencia toca pasar a la acción teniendo presente el hilo que estamos siguiendo. Cuando realmente tomamos conciencia de lo que nos está pasando, de forma natural vamos a actuar de forma diferente para entrar en coherencia.

El error, por llamarlo de alguna manera está en que muchas veces somos conscientes de todo lo que nos pasa por dentro, pero no nos atrevemos a actuar en coherencia. El miedo al rechazo, a que nos abandonen, a sufrir, a hacer daño, etc, nos bloquea y nos boicoteamos para seguir haciendo lo mismo de siempre.

Lógicamente esto es un proceso, trascender los problemas y vivirlos sencillamente como experiencia, comprendiendo que la vida tiene estas dificultades requiere de un camino de volver una y otra vez a recordarnos que somos seres conscientes, lo que conlleva una gran responsabilidad. Cabe recordar que para aprender de los problemas debemos dejar a un lado la historia que nos estamos contando y ver <<la historia detrás de la historia>>. Dicho de otra forma, encontrar el verdadero problema.

Dejar a un lado el victimismo y la culpa para darnos cuenta de que lo que vivimos es el resultado de las decisiones que tomamos, al principio es doloroso, nadie quiere pensar que se está haciendo daño a sí mismo. Sin embargo, luego resulta liberador, porque si uno mismo se está creando estos "problemas", es también uno mismo quien puede aprender y dejar de alimentarlos.

Recordemos que en el último eslabón siempre cabe un grado de incertidumbre donde no vemos más allá de este instante y aunque sí podemos controlar qué hacemos ahora, no podemos controlar hacia dónde nos va a llevar la elección. Por ello, aún cuando vivamos problemas que nos cogen por sorpresa, siempre vamos a poder decidir cómo vivirlos. 

De los problemas a la experiencia hay una decisión, la de aprender para elegir cómo vivir lo que está ocurriendo ahora.

Héctor Ibáñez

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