El Mundo que Acontece - Jose María Doria
En el seno de una sociedad vertiginosa, sociedad en la que la imaginación se queda corta ante la oleada de innovaciones y cambios, estamos demasiado ocupados en adaptarnos a lo que llega, y no nos permitimos ni siquiera levantar unos instantes la mirada a los próximos tres metros de camino, y enfocar el horizonte cercano, enfocar por si de pronto, surgen intuiciones de lo que está por venir, y de alguna forma percibir que el llamado futuro se anuncia mediante sus ecos en el presente.
En esta dirección y percibiendo desde la intuición creativa, observo que una de las cuestiones más emergentes, va a estar orientada hacia el cambio en la forma del nacer y de morir. La mayoría de los nacimientos en la actual cultura, más se parecen a un trauma, un trauma a menudo ocasionado cuando conviene a un ginecólogo que ha terminado su partido de golf, que a un acto natural con la preparación ambiental, emocional y espiritual que merece un acontecimiento de esta índole. Muchos de los niños que llegan al mundo actual sufren partos traumáticos que sin hacerse evidentes en el cuerpo físico, sí tienen efectos en el ámbito neurológico y en el psicológico, aspectos que a lo largo de la vida se manifestarán en enfermedades y repetidas oleadas de malestar, sin aparente causa.
Los nacimientos en el agua, nacimientos con delfines, nacimientos en casa… son nacimientos que, preparados de manera consciente y en condiciones rituales de orden profundo, posibilitarán la armonía natural del acontecimiento más importante de la vida.
